En medio de las montañas del Valle Sagrado, se despliega un paisaje inesperado: más de 3000 terrazas de sal que brillan bajo el sol andino. Las salineras de Maras se alimentan de un manantial subterráneo de agua salina natural que se ha utilizado desde tiempos preincaicos.
Cada estanque pertenece a una familia local que continúa extrayendo sal utilizando técnicas ancestrales transmitidas de generación en generación. No se trata solo de contemplar un paisaje fotogénico, sino de comprender un sistema comunitario vivo que se mantiene activo en la actualidad.
Más allá de sus impresionantes vistas panorámicas, Maras ofrece una visión de un modelo económico tradicional que ha resistido el paso del tiempo.
Ideal para: viajeros interesados en la cultura viva, la fotografía y los procesos ancestrales que aún se practican.


